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za, con la seguridad de que Jesús iba a cambiar la za nuestra vida y también los acontecimientos
vida, nuestra vida. El Adviento nos trae el con- que nos rodean. Nuestro mundo necesita hu-
vencimiento de que Jesús va a cambiar nuestra manidad y Jesús, con su nacimiento, nos hace el
forma de ver y enfrentar la vida. Nos ayudará a mejor regalo: Dios hecho niño, Dios hecho hu-
mirar de frente al dolor, a la pobreza, a la guerra mano para dar humanidad a esta sociedad fría
y a la marginación. Nos empujará a levantarnos y y adormecida ante el dolor de las personas, es-
a luchar por un mundo más justo. pecialmente de los más pobres.
La esperanza cristiana tiene rostro humano. Tres figuras nos ayudarán a recuperar nues-
Nace cuando somos capaces de mirar a quienes tra esperanza: Isaías, Juan el Bautista y María.
sufren y no pasar de largo; cuando compartimos Isaías nos dirá que la esperanza no es ingenui-
lo que tenemos; cuando acompañamos al que dad ni inocencia, sino confianza valiente y cam-
está solo; cuando tendemos la mano al que se bio de estructuras de un mundo injusto. Juan
siente perdido. El Dios del Adviento viene de Bautista nos recordará que el corazón necesita
una mujer que se fía de Dios, que acepta llevar cambio, conversión y renovación, limpiar lo que
en su seno la humanidad liberadora y que se está herido y volver a lo importante. Y María se-
nos presenta en un niño frágil. Esto nos enseña rá el rostro y la palabra de la esperanza, con su
que la esperanza entra en el mundo a través de “hágase en mí según tu palabra” nos muestra el
lo pequeño, lo humilde, lo sencillo, lo cotidiano. mayor gesto de esperanza, porque a pesar de lo
Quizás muchas veces esperamos grandes sig- mal que está nuestro mundo, esperamos y con-
nos y olvidamos que la esperanza se construye fiamos en Dios para que lo humanice y le dé
paso a paso. Con su nacimiento, Jesús humani- sentido a nuestra vida. ❏
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