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FAMILIA
NO HAY
DERECHOS SIN cio de derechos, supone también, la responsa-
bilidad de velar por las necesidades de los de-
RESPONSABILIDADES más. No cabe separar los derechos de las res-
ponsabilidades, ya que no puede existir el uno
PARA EL SERVICIO sin el otro. Solo se entienden los derechos en el
contexto de las responsabilidades para el servi-
cio a los demás. A este respecto, conviene re-
― cordar que Jesucristo siempre destacó la nece-
sidad de promover el bien común frente a los
ROBERT KIMBALL
planteamientos egoístas e insolidarios de otros.
Toda su vida era un perfecto ejemplo de asumir
no de los aspectos más destaca- la responsabilidad de socorrer a los demás, en
dos de nuestra sociedad actual lugar de ejercer los derechos que le correspon-
es la constante reclamación de dían como Dios (cfr. Filipenses 2, 5-8).
determinados derechos colecti- Por consiguiente, nos corresponde a los pa-
vos y personales. Los medios de dres inculcar en nuestros hijos el principio éti-
comunicación están llenos de co de que la defensa de sus derechos persona-
U reportajes y entrevistas en los les conlleva la obligación moral de asumir su
que políticos y grupos sociales denuncian la responsabilidad por servir a los más margina-
violación de sus derechos y reclaman las com- dos en sus necesidades, dado que muchas de
pensaciones correspondientes. Y no cabe duda esas personas nunca podrán reclamar sus de-
de que muchas de estas reivindicaciones son rechos debido a su muy precaria situación so-
plenamente justificadas. El respeto de los dere- cial y económica. Las familias cristianas debe-
chos más fundamentales de las personas son la mos incluir siempre la responsabilidad para el
base de la justicia social y de una buena convi- servicio en nuestra vida diaria, como nos re-
vencia. No obstante, conviene tener presente cordó Jesucristo de forma muy insistente en
que los derechos no son absolutos. Por una par- sus enseñanzas (cfr. Mateo 20, 26-28). ❏
te, los derechos de unos acaban donde empie-
zan los derechos de los demás. Además, hay de-
rechos que son contradictorios. Por ejemplo, el
supuesto derecho al aborto entra en total con-
tradicción con el derecho a la vida.
Sin embargo, mucho me temo que la insis-
tencia machacona de derechos personales pue-
de dar lugar a un egocentrismo que ignore las
apremiantes necesidades de los demás. La alar-
mante polarización de nuestra sociedad y el
conflicto permanente entre distintos grupos po-
líticos y sociales es la consecuencia de una cre-
ciente insolidaridad ante los graves problemas
que requieren un esfuerzo común. Por tanto,
urge más que nunca reconocer que todo ejerci-
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