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90%. Esa no fue la primera vez
                                                                   que  Yahaya  sufría  problemas
                                                                   por su ministerio cristiano.
                                                                      La mayor lección que Tobí-
                                                                   as Yahaya impartió a su comu-
                                                                   nidad a raíz de esa dura prue-
                                                                   ba tuvo lugar durante el juicio.
                                                                   Cuando  el  juez  impuso  una
                                                                   sentencia de un año de prisión
                                                                   a Ibrahim, Yahaya tomó la pa-
                                                                   labra. “Le pregunté al juez mu-
                                                                   sulmán:  ¿puedo  abrazar  a
                                                                   Ibrahim?,  a  lo  que  todos  los
                                                                   presentes en la sala reacciona-
                                                                   ron con incredulidad y sorpre-
                                                                   sa”. El juez dijo que no había
                                                                   problema.  “Entonces  lo  abra-
                                                                   cé, le estreché la mano y le di-
                                                                   je:  Te  perdono.  no  fue  capaz
                                                                   de hablarme, pero vi lágrimas
                                                                   corriendo por sus mejillas. Y yo
                                                                   repetí: Te perdono”.
                                                                      Los catequistas en los paí-
                                                                   ses donde la Iglesia sufre ne-
                                                                   cesidad y persecución realizan
                                                                   su  ministerio,  conscientes  de
         Peter Jurwel, catequista en Sudán del Sur. Imagen de ACN  que llevan el tesoro del Evan-
                                                                   gelio “en vasijas de barro, para
         catequista en el pecho. “Caí al  qué quieres matarme? Ibrahim  que se vea que una fuerza tan
         suelo sangrando”, recuerda Ya-  no pudo responder. Estaba llo-  extraordinaria es de Dios y no
         haya.  “Los  otros  dos  huyeron,  rando. La gente a mi alrededor  proviene de nosotros. Atribula-
         pensando que habían cumplido  me  preguntaba:  ¿por  qué  ha-  dos  en  todo,  más  no  aplasta-
         su misión”. En cambio, Ibrahim  blas con él? Concéntrate en tu  dos; apurados, más no deses-
         se quedó e intentó apuñalar al  salud. Yo les dije que quería sa-  perados; perseguidos, pero no
         catequista  de  nuevo  cuando  ber la razón por la que intentó  abandonados; derribados, más
         trató de levantarse. “pero esta  quitarme  la  vida”.  Finalmente  no aniquilados, llevando siem-
         vez agarré la hoja del cuchillo  supo que Ibrahim y sus compin-  pre  y  en  todas  partes  en  el
         con mis manos”, explica Yaha-  ches, que no fueron detenidos,  cuerpo la muerte de Jesús, pa-
         ya,  “entonces  giró  el  cuchillo,  temían  la  influencia  del  cate-  ra que también la vida de Jesús
         hiriéndome gravemente las pal-  quista  sobre  los  jóvenes  de  la  se  manifieste  en  nuestro
         mas. Tuve que soltar el cuchillo,  zona, que es musulmana en un  cuerpo”. (2Cor 4,7-10) ❏
         pero logré asir a Ibrahim para
         que no pudiera volver a apuña-
         larme”. Unas horas después Ya-  Más información en:
         haya  despertó  en  el  hospital  www.ayudaalaiglesianecesitada.org
         junto a su agresor.           Teléfono 917259212
            “Entonces le pregunté: ¿por


                                                                                     LA VERDAD • 43
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