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           un itinerario en varias etapas, cada una revelará
           algún aspecto de la riqueza multifacética de un
           gran país que, desde hace casi dos milenios, ha
           acogido la Palabra del Evangelio". Pero León XIV
           no perdió el tiempo en cumplidos protocolarios.
           Fue directo al conflicto. "Vengo entre ustedes pa-
           ra confirmar, alentar e inspirar una renovada fi-
           delidad de los creyentes al Evangelio, así como
           una reconciliación y una cooperación más pro-
           fundas  entre  las  distintas  fuerzas  de  esta  Na-
           ción”. Citando a San Juan de la Cruz y a Santa Te-
           resa de Ávila, el Papa recordó que "la suya es una
           mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a
           la historia, sino que, por el contrario, lleva a la
             raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad".
              La tarde trajo consigo el impacto de la vulne-
           rabilidad. En el CEDIA 24 horas, el Papa despojó
           a la Iglesia de su carácter institucional para si-
           tuarla en el barro de la calle. Conmovido por los
           testimonios de Niurka y Khadry, León XIV dejó
           una de las citas de todo el viaje: “La caridad no
           admite demoras. Si no se cosecha cuando el tri-
           go está maduro, la cosecha se pierde, y esta es
           nuestra responsabilidad ante quienes están ne-
           cesitados".  El  ambiente  en  el  patio  del  centro,
           donde el Árbol de la Esperanza presidía la es-
           tampa, era de una santidad cotidiana. El Papa in-
           sistió en que "un corazón vivo es cálido y palpi-
           tante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya
           no bombea sangre, y provoca la muerte de la per-
           sona". Esas palabras resonaron con fuerza entre
           los voluntarios y el público.
              Pero la vibración llegó a su cénit con la Vigilia
           en la Plaza de Lima. Medio millón de jóvenes. Seis
           autobuses de Navarra entre la masa. El cardenal
           José Cobo, en una bienvenida cargada de verdad,
           describió a la juventud: entusiasta, pero herida
           por la precariedad y la soledad. El Papa, dialo-  lencio de la Adoración Eucarística, los corazones
           gante  y  cercano,  confesó  sus  referentes:  "San  de miles de jóvenes —entre ellos los nuestros— se
           Juan  Crisóstomo  me  ha  impresionado  especial-  abrieron. La misión del Papa fue clara: "¡Sed hu-
           mente por sus catequesis, que unen el amor por  manos! Hombres y mujeres de carne y hueso. No
           la verdad y la rectitud de vida", y citó a los espa-  apariencias, sino rostros fiables".
           ñoles Santo Tomás de Villanueva y Santo Toribio
           de Mogrovejo. La vigilia no fue solo ruido musical;  Domingo 7: El Corpus, el pan de concordia
           fue silencio. "Para conocer la voz de Dios puede  La Plaza de Cibeles se convirtió el domingo en
           ayudarnos, ante todo, el silencio", dijo. Y en el si-  una catedral al aire libre. La solemnidad del San-


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