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EDUCACIÓN








                          HACEN FALTA


                               MAESTROS



                                                ―
                                  ANDRÉS JIMÉNEZ ABAD

                                                      les está diciendo también: “así eres tú”. Y es
                                                      que en la educación el amor precede al cono-
                                                      cimiento; ese amor que busca el bien y lo hace
                   o más esencial en la tarea educativa,  atractivo, y que a la vez suscita el deseo de sa-
                   sobre todo en tiempos de crisis, es la  ber, de superarse. “Quiero sacar de ti tu mejor
                   presencia y la dedicación del maestro  tú”, decía el poeta Salinas.
                   -hombre o mujer-. Del maestro de vida,  Tan importantes como la transmisión de los
                   con o sin títulos -estos a menudo, en  conocimientos  -sin  duda  indispensables-,  son
                   los últimos tiempos, nos dan gato por  los criterios y los referentes de conducta que
           L liebre-. Ésta es la mayor urgencia del   aporta el maestro, pues desde ellos aprenderá
           presente  en  nuestra  educación:  hacen  falta  el alumno a comprender, juzgar y actuar. Son
           maestros. Uno de ellos, Santiago Arellano, solía  las “claves de sentido” que cada profesor apor-
           parafrasear a los latinos y definía al verdadero  ta  en  su  área  respectiva  de  conocimiento  y
           maestro como “vir bonus docendi peritus”: una  también el clima de confianza, respeto y estí-
           persona honesta que sabe enseñar.          mulo que suscita con su actitud de educador.
              La  primera  condición  que  se  pide  aquí  al  La primera cualidad que ha de adquirir el
           maestro es la de ser una persona buena, hones-  maestro es la autoridad moral, aquella calidad
           ta, alguien cuya vida y criterios se orientan al  humana que le hace digno de confianza, que le
           bien de manera habitual, que busca y ama la  convierte en “autor” (“augere”, hacer crecer,
           verdad y enseña a vivir de acuerdo con ella, que  dar  auge),  es  decir  en  promotor,  impulsor  e
           sabe captar la belleza y contagia su contempla-  inspirador del aprendizaje del alumno: “Te mi-
           ción. Vive lo que enseña y enseña lo que vive, y  raba y te hacía sentir única”, en palabras de la
           por eso comunica con la mirada, con el gesto,  profesora  Maica  González  Torres.  La  autori-
           con el trato habitual, tanto si habla de las cosas  dad, bien entendida, ofrece seguridad al discí-
           más extraordinarias como de las más cotidianas  pulo para desarrollar su autonomía, su respon-
           y en apariencia insignificantes. Diestro en ense-  sabilidad, su deseo de aprender, su amor a la
           ñar porque transparenta entusiasmo y contagia  verdad, su capacidad de bien. Su libertad.
           generosamente el amor al bien, a la verdad y a  El maestro auténtico enciende en sus discí-
           la belleza, porque sabe ganarse la confianza y  pulos la pasión por la verdad, el bien y la be-
           suscita el asombro, porque acierta, en palabras  lleza;  les  enseña  cómo  se  recorre  el  camino,
           de Aristóteles, a hacer deseable lo valioso.  pero sabe retirarse a tiempo para no lastrar la
              Alguna vez hemos evocado una reflexión de  marcha.  Podría  decir:  “habré  tenido  éxito  en
           Hannah Arendt: en el momento mismo en que  vuestra educación el día que compruebe que,
           un maestro se sitúa delante de sus alumnos -  habiendo madurado, no os acordáis de mí, por-
           sin necesidad de decir nada todavía- les está  que vuestra vida es de tal manera vuestra que
           diciendo: “el mundo es así”. Y al mismo tiempo  camináis  solos  por  camino  recto  mirando
           cabe añadir que, por el modo en que les trata,  adelante y no atrás”. ❏


           42 • LA VERDAD
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