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pio sistema del bien (lo que se
                                                                   debe hacer) y del mal (lo que se
                                                                   debe evitar) que inevitablemen-
                                                                   te  conduciría  a  la  pérdida  de
                                                                   ese lugar de común encuentro
                                                                   que es la verdad. En el relato bí-
                                                                   blico  del  pecado  original  -al
                                                                   margen del empleo de los tér-
                                                                   minos  simbólicos-  cuando  el
                                                                   diablo dice: “seréis como Dios,
                                                                   conocedores del bien y del mal”
                                                                   (Gen 3, 5) estaban siendo tenta-
                                                                   dos  a  pensar  que  podrían  re-
                                                                   chazar  la  subordinación  de  la
                                                                   mente de las criaturas a la Ver-
                                                                   dad del Creador, y convertir sus
                                                                   propias  mentes  en  norma  del
                                                                   bien y del mal. Fue la tentación
                                                                   de  la  “conciencia  autónoma”
                                                                   que, curiosamente, es una ten-
                                                                   tación muy moderna.
                                                                      La  adquisición  de  normas
                                                                   morales  verdaderas  es  la  pri-
                                                                   mera condición para la forma-
                                                                   ción de la conciencia, pero no
                                                                   menos  importante  es  vivir  se-
         tiano  de  conciencia  está  im-  que dura toda la vida. Algunos  gún estos principios ya que la
         pregnado  de  la  idea  de  que  medios  concretos  que  ayudan  conciencia formada se consoli-
         nuestra conciencia es una guía  al hombre a tener una concien-  da  a  medida  que  se  vive  de
         falible. De ahí la imperiosa ne-  cia  que  formule  juicios  rectos  acuerdo con ella. Tener deter-
         cesidad de formar la concien-  son  la  formación  moral  y  reli-  minados  principios  en  la  con-
         cia de manera tal que sus dic-  giosa, la amistad y el consejo de  ciencia y luego actuar en contra
         támenes  sean  juicios  rectos  personas formadas, la práctica  de ellos es algo que se da en el
         que nos acerquen al bien ver-  de las virtudes que facilitan la  mal moral: el pecado (elección
         dadero.                      elección  del  bien  moral,  y  la  de algo que la recta conciencia
            Para  formar  una  “concien-  oración, lugar específico de diá-  dice que está mal).
         cia recta” y esclarecer el juicio  logo con Dios.            Ante la pregunta ¿Me pue-
         moral  es  necesario  instruir  la  El “hombre moderno” tien-  do fiar de mi conciencia?, la res-
         inteligencia en el conocimiento  de a pensar que la verdad es un  puesta  cristiana  es  dual:  el
         de la verdad —para lo cual el  producto arbitrario de la volun-  hombre tiene obligación de se-
         cristiano  cuenta  con  la  ayuda  tad humana y que, por tanto, la  guir lo que su conciencia le dic-
         del Magisterio de la Iglesia—, y  conciencia  individual,  conside-  ta, pero tiene además la grave
         educar la voluntad y la afectivi-  rada  falsamente  “autónoma”,  obligación de formarla de ma-
         dad mediante la práctica de las  estaría  por  encima  de  la  ver-  nera tal que sus dictámenes se-
         virtudes (cf. Juan Pablo II, Veri-  dad.  En  consecuencia,  cada  an  juicios  rectos  que  le
         tatis  splendor).  Es  una  tarea  hombre puede construir su pro-  acerquen al bien verdadero. ❏


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