Page 23 - Laverdad_4425
P. 23
pio sistema del bien (lo que se
debe hacer) y del mal (lo que se
debe evitar) que inevitablemen-
te conduciría a la pérdida de
ese lugar de común encuentro
que es la verdad. En el relato bí-
blico del pecado original -al
margen del empleo de los tér-
minos simbólicos- cuando el
diablo dice: “seréis como Dios,
conocedores del bien y del mal”
(Gen 3, 5) estaban siendo tenta-
dos a pensar que podrían re-
chazar la subordinación de la
mente de las criaturas a la Ver-
dad del Creador, y convertir sus
propias mentes en norma del
bien y del mal. Fue la tentación
de la “conciencia autónoma”
que, curiosamente, es una ten-
tación muy moderna.
La adquisición de normas
morales verdaderas es la pri-
mera condición para la forma-
ción de la conciencia, pero no
menos importante es vivir se-
tiano de conciencia está im- que dura toda la vida. Algunos gún estos principios ya que la
pregnado de la idea de que medios concretos que ayudan conciencia formada se consoli-
nuestra conciencia es una guía al hombre a tener una concien- da a medida que se vive de
falible. De ahí la imperiosa ne- cia que formule juicios rectos acuerdo con ella. Tener deter-
cesidad de formar la concien- son la formación moral y reli- minados principios en la con-
cia de manera tal que sus dic- giosa, la amistad y el consejo de ciencia y luego actuar en contra
támenes sean juicios rectos personas formadas, la práctica de ellos es algo que se da en el
que nos acerquen al bien ver- de las virtudes que facilitan la mal moral: el pecado (elección
dadero. elección del bien moral, y la de algo que la recta conciencia
Para formar una “concien- oración, lugar específico de diá- dice que está mal).
cia recta” y esclarecer el juicio logo con Dios. Ante la pregunta ¿Me pue-
moral es necesario instruir la El “hombre moderno” tien- do fiar de mi conciencia?, la res-
inteligencia en el conocimiento de a pensar que la verdad es un puesta cristiana es dual: el
de la verdad —para lo cual el producto arbitrario de la volun- hombre tiene obligación de se-
cristiano cuenta con la ayuda tad humana y que, por tanto, la guir lo que su conciencia le dic-
del Magisterio de la Iglesia—, y conciencia individual, conside- ta, pero tiene además la grave
educar la voluntad y la afectivi- rada falsamente “autónoma”, obligación de formarla de ma-
dad mediante la práctica de las estaría por encima de la ver- nera tal que sus dictámenes se-
virtudes (cf. Juan Pablo II, Veri- dad. En consecuencia, cada an juicios rectos que le
tatis splendor). Es una tarea hombre puede construir su pro- acerquen al bien verdadero. ❏
LA VERDAD • 23

