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presencia real de Cristo en la Euca-
                                           ristía explica la difusión de la fiesta
                                           del Corpus Christi. Nacida en la dió-
                                           cesis de Lieja en 1246, el papa Ur-
                                           bano VI la extendió a toda la Iglesia
                                           en 1264 a raíz del milagro de Bolse-
                                           na, acaecido el año anterior cuando
                                           un  sacerdote  dudó  de  la  presencia
                                           real de Cristo al alzar la forma en la
                                           consagración y de ella brotaron go-
                                           tas de sangre depositadas en un cor-
                                           poral.  Además  encargó  a  santo  To-
                                           más  de  Aquino  que  compusiera  la
                                           misa y el oficio litúrgico de esa fies-
                                           ta, que incluyó himnos tan famosos
                                           como  “Pange  lingua”  (y  su  conclu-  Urbano VI
                                           sión  “Tantum  ergo”),  “Panis  angeli-  venera los
                                           cus” y “Adoro te devote”. El espalda-  corporales del
                                           razo definitivo a la fiesta lo dio el pa-  milagro de
                                           pa Nicolás V, que en 1447 realizó la  Bolsena
                                           primera  procesión  con  la  Sagrada  (1263).
                                           Hostia por las calles de Roma. ❏


         Danza de la muerte en la
         capilla del Cristo del castillo de
         Javier (frescos de finales del
         siglo XV).






         y su capacidad para afectar por igual
         a todos los miembros de la sociedad,
         con independencia de su poder o de
         su riqueza. La “danza de la muerte”
         pasó de las procesiones y el teatro a
         la  decoración  de  los  muros  de  las
         iglesias. Se plasmaron frescos en los
         cuales esqueletos, acompañados por
         símbolos del poder perdido por sus
         personajes  (mitras,  coronas,  etc.),
         danzaban  y  advertían  del  carácter
         inevitable de la muerte.
            Una  plasmación  diferente  de  la
         espiritualidad  bajomedieval  fue  la
         devoción a la Eucaristía. La fe en la


                                                                                     LA VERDAD • 31
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