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DIÓCESIS
de fieles, hasta el punto de que fueron no pocos
los que, no pudiendo entrar, tuvieron que re-
signarse con permanecer en el espacioso atrio,
no obstante, la lluvia que caía en cantidad mo-
lesta».
La calle Mayor y su prolongación hasta la
iglesia de El Crucifijo se había decorado con
arcos vegetales, acompañados con invocacio-
nes, que manifestaban, en palabras de la pren-
sa, los sentimientos con los que se vivió este
momento, «que tiene henchido de júbilo reli-
gioso a los simpáticos y amables pontesinos».
Tras el rezo del Te Deum, «a las siete en
punto, –informa el periodista– se puso en mar-
cha la comitiva procesional bajo una lluvia más
que regular que no fue bastante, dada la pie-
dad de los pontesinos, a restar solemnidad y se-
veridad a este otro acto religioso». Además del
clero y las autoridades, acompañaban a la ima-
gen «todos los hombres provistos de hachas en-
cendidas», así como la banda municipal. No es
difícil imaginar lo que el cronista de aquella jor-
nada calificó de un «acto conmovedor».
El regreso del crucifijo a su iglesia concluyó
con un momento de oración y una predicación
en la que se reconocía el especial afecto de
Puente la Reina hacia aquel Crucificado, «ma-
nifestación de la arraigadísima devoción que Crucifijo en la iglesia
tienen y practican hacia aquella imagen de
Jesús, exhortando a que perseveren sin flaque- muestras de afecto son hoy más mitigadas. Sin
zas ni desmayos en esa devoción». Por parte de embargo, ahí continúa el Crucificado, con su
la comunidad religiosa, apenas instalada entre cabeza ligeramente girada, acogiendo, escu-
las ruinas del monasterio, el sentimiento era chando. Solo de la historia más reciente se con-
unánime: «Ya tenemos al Señor Crucificado en servan unos cincuenta volúmenes llenos de las
nuestra casa», como recoge la crónica de la co- oraciones que han ido dejando, en todas las
munidad. lenguas posibles, quienes han pasado –y siguen
En estos cien años desde aquel aconteci- haciéndolo– frente a él. Tantísimas otras ha-
miento la imagen ha ido perdiendo diversos brán quedado en el diálogo entre el silencio de
añadidos, altares y fondos en tela. Incluso «ha su iglesia.
volado» la paloma que se colocó sobre su cabe- Recordar este centenario es un reconoci-
za y lo acompañó durante años. El crucifijo se miento a ese afecto secular hacia la imagen del
ha quedado, si cabe aún más, en una sobriedad crucifijo de Puente la Reina, que, con el esfuer-
casi desnuda, que resalta la nudosa anatomía zo compartido de un pueblo y una comunidad
de Cristo hasta casi confundirse con el tronco religiosa, hizo posible que regresase a su casa.
de la cruz. Aquel traslado centenario ha queda- Ahí continúa su cruz, en el cruce de todos los
do como parte de la crónica y aquellas sinceras caminos, como señal, descanso y guía. ❏
18 • LA VERDAD

