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           siona. Pero más allá de estas grandes peregrina-  en el simple hecho de estar juntos.
           ciones, cada pueblo navarro guarda su propia ro-  Aunque muchas romerías han cambiado de
           mería, quizá más humilde, pero no menos inten-  fecha y se celebran ahora en domingos para faci-
           sa. En ellas reside, probablemente, la verdadera  litar la participación, su esencia permanece in-
           riqueza afectiva de esta tradición.        tacta. Siguen siendo una expresión de religiosi-
                                                      dad popular, cargada de emoción, de identidad y
           Fe y fiesta: una unidad inseparable        de memoria. En un mundo cada vez más acele-
           Uno de los rasgos más característicos de las ro-  rado y fragmentado, estas peregrinaciones ofre-
           merías navarras es la convivencia entre lo reli-  cen un espacio distinto: un tiempo para detener-
           gioso y lo festivo. Tras la caminata y la oración,  se,  para  caminar  sin  prisa,  para  reencontrarse
           llega el momento de compartir la mesa, de cele-  con lo esencial. Son, en cierto modo, una escuela
           brar la vida en comunidad. El aspecto gastronó-  de vida cristiana.
           mico  no  es  un  añadido  superficial,  sino  parte
           esencial de la experiencia. El calderete, la costi-  María, camino hacia Cristo
           llada, el pan y el vino forman parte del ritual tan-  En el fondo de todas estas celebraciones late una
           to como los cantos o las oraciones. En algunos lu-  misma realidad: el amor a la Virgen María como
           gares,  se  conservan  tradiciones  culinarias  pro-  camino hacia Dios. A lo largo de los siglos, la de-
           pias: los “perrochicos” en Orreaga, los camaro-  voción mariana ha sido para muchos la puerta de
           nes del Araquil, los “ziquiros” en ciertas romerí-  entrada al misterio de Cristo.
           as de montaña, o la “culeca” en la Ribera. Estos  María no sustituye a Dios, sino que conduce a
           alimentos, compartidos al aire libre, refuerzan el  Él. Su “sí” confiado abrió la puerta a la salvación,
           sentido de fraternidad. La romería no termina en  y su ejemplo sigue siendo una invitación a vivir
           la ermita: continúa en la conversación, en la risa,  con fe, con humildad y con entrega.
                                                         En Navarra, esa relación con la Virgen se vi-
                                                      ve con una cercanía especial. No es una figura le-
                                                      jana, sino una madre a la que se acude con con-
                                                      fianza, una presencia que acompaña en las ale-
                                                      grías y en las dificultades.
                                                         El mes de mayo es, por tanto, una oportuni-
                                                      dad  privilegiada  para  redescubrir  esta  riqueza
                                                      espiritual y cultural. Participar en una romería —
                                                      ya sea en un gran santuario o en la pequeña er-
                                                      mita de un pueblo— es entrar en una tradición vi-
                                                      va que conecta pasado y presente.
                                                         Es  también  una  invitación  a  mirar  a  María
                                                      con ojos nuevos, a dejarse enseñar por su fe, a re-
                                                      novar la propia vida cristiana.
                                                         Cuando los caminos de Navarra se llenan de
                                                      romeros, no solo se revive una costumbre ances-
              La romería de Aézcoa destaca            tral. Se actualiza una forma de creer, de vivir y de
                      por la elegancia de sus         compartir que sigue teniendo mucho que decir
                                                      en nuestro tiempo.
                 participantes, mientras que             A todos los que, en este mes, se pondrán en
                  la del valle de Arce y Oroz-        camino —a Ujué, a Roncesvalles, al Puy o a cual-

                 Betelu conserva una dureza           quier rincón de nuestra tierra— les une una mis-
                                                      ma certeza: que caminar juntos hacia la Madre
                  penitencial que impresiona          es, en definitiva, caminar hacia Dios. ❏


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