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EN PORTADA
Mayo en ay algo especial en Navarra cuan-
do llega mayo. La primavera se
abre paso entre los valles y mon-
tañas, los campos reverdecen y,
Navarra casi sin darnos cuenta, los cami-
nos comienzan a poblarse de pa-
H sos, cantos y oraciones. Es el mes
de la Virgen, el mes en que el alma popular na-
varra se expresa con una intensidad singular a
Mayo despierta una devoción través de una de sus tradiciones más profundas:
mariana profundamente las romerías. Decir que Navarra es tierra de ro-
arraigada en Navarra, que se merías no es una exageración retórica, sino una
constatación casi geográfica y espiritual. En esta
expresa en romerías hacia tierra, como bien se ha dicho, apenas hay monte
santuarios como Ujué, sin ermita ni pueblo sin romería. Cada sendero,
Roncesvalles o el Puy, y en cada ladera, cada santuario guarda la memoria
de generaciones que han caminado juntas movi-
innumerables advocaciones das por la fe, la tradición y un sentido de comu-
locales. Cada pueblo vive su nidad que hoy sigue vivo.
vínculo único con la Virgen, La romería: camino compartido
tejiendo un mosaico de fe, Las romerías navarras son mucho más que un
tradición y amor filial extendido desplazamiento físico hacia un santuario. Son,
ante todo, una manifestación de la fe del pueblo,
por toda la tierra navarra una forma de oración en movimiento. En ellas se
entrelazan la penitencia y la alegría, el canto y el
silencio, la tradición heredada y la vivencia per-
sonal. Históricamente, estas peregrinaciones tu-
vieron un marcado carácter penitencial. Durante
siglos, hombres y mujeres recorrían largas dis-
tancias descalzos, vestidos con túnicas, cargan-
do cruces o cadenas como signo de sacrificio. No
era raro que el destino estuviera a más de una
jornada de camino, y en muchos casos se exigía
la participación de al menos un miembro por ca-
da casa. Aquellas romerías eran, en cierto modo,
un compromiso colectivo de fe.
Con el paso del tiempo, ese rigor penitencial
fue dando paso a un carácter más festivo y co-
munitario, sin perder del todo su esencia espiri-
tual. Hoy, aunque la dureza de antaño ha dismi-
nuido, aún perviven signos de aquella tradición
en lugares como la antigua merindad de San-
güesa, donde los cruceros siguen acompañando
a los romeros.
26 • LA VERDAD

