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“Profundizar en la importancia
                                                     de la presencia del cristiano en
                                                     la vida pública ayuda a
                                                     recuperar la dimensión social

                                                     como verificación de la propia
                                                     vocación. Los creyentes
                                                     estamos llamados a estar en
                                                     el mundo y a transformarlo”


                                                     cotidianas. Actuar en el mundo de esta manera
                                                     nos abre el corazón a la llamada del Padre, acep-
                                                     tando nuestra condición de levadura y pequeña
                                                     semilla que, por la acción divina, se vuelve un
                                                     elemento  imprescindible  para  transformar  el
                                                     mundo en lo que Dios soñó: un hogar de herma-
                                                     nos que caminan en paz y justicia.
                                                       El desafío actual es evitar que la sinodalidad
                                                     se quede atrapada en meros espacios de discu-
         Jesucristo de la realidad concreta, instándonos a  sión de salón. Las conclusiones del Congreso de
         iluminar el mundo mediante estilos de vida que  Laicos de 2020 ya nos advertían: la Iglesia es «en
         impregnen la política, la vida social y las asocia-  salida» o no es. El Documento final de 2024 nos
         ciones civiles con los valores del Evangelio.   ofrece  ahora  las  herramientas  teológicas  para
            En el contexto actual de nuestra Iglesia, se  dar el salto. La presencia pública no es un apén-
         nos pide reforzar una mirada atenta a los signos  dice de la fe; es el lugar donde la sinodalidad se
         de los tiempos, reconociendo al Espíritu que bro-  hace carne. Estamos llamados a ser un «pueblo
         ta incluso en las grietas de nuestra compleja so-  de Dios» que no solo camina por las naves de los
         ciedad. Es una invitación comunitaria a generar  templos, sino que camina, sobre todo, por las ca-
         gestos de humanización y a demostrar que es po-  lles de nuestro mundo, aportando la luz del Evan-
         sible construir la vida social desde el amor y el  gelio a los desafíos del presente.
         diálogo con todos los hombres y mujeres de bue-  En  estas  semanas,  hemos  conmemorado  el
         na voluntad. En este sentido, una de las cosas  primer aniversario del pontificado del papa León
         que la sinodalidad aporta a la vida pública es lo  XIV y estamos a las puertas de su primer viaje a
         que el Sínodo llama la «conversación en el Espí-  España.  En  estos  meses  sus  palabras  siempre
         ritu»: un método que sustituye el enfrentamiento  nos han animado a vivir como Iglesia misionera,
         dialéctico por la escucha activa. Frente a la pola-  promotora de una paz desarmada y desarmante,
         rización que fractura nuestra sociedad, el cristia-  capaz de construir «puentes dialogando, siempre
         no sinodal propone el diálogo como herramienta  abierta a recibir con los brazos abiertos a todos,
         de construcción.                            a todos aquellos que necesitan nuestra caridad,
            En definitiva, la presencia pública no es algo  nuestra presencia, diálogo y amor». Que la cele-
         opcional para el cristiano, sino que reside en el  bración de esta Jornada nos sea de ayuda para
         corazón mismo de su propuesta espiritual: anun-  disponernos del mejor modo posible a acoger la
         ciar a Dios es hacer vida su amor en nuestro en-  visita del Santo Padre.
         torno,  tal  como  hizo  Jesucristo.  Son  nuestras  A todo ello os animamos con la confianza de
         obras, y el modo en que nos relacionamos con  que el Espíritu que el Señor ha entregado a su
         quienes más sufren el dolor o la exclusión, las  Iglesia, y que celebramos en Pentecostés, es el
         que verifican y hacen respetable nuestra fe ante  que nos antecede siempre. n
         la sociedad de hoy. Esta «mística del hacernos
         prójimos» es la que verdaderamente nos permite               Obispos de la Comisión Episcopal
         encontrar a Dios en medio de las circunstancias                 para los Laicos, Familia y Vida


                                                                                     LA VERDAD • 29
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