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FAMILIA
LA CAPILLA DEL
SANTO SILENCIO
―
ROBERT KIMBALL
n el transcurso de un reciente viaje
a Miami (para la confirmación de
una nieta) y a Cancún (para ayudar
a cuidar de nuestro nieto pequeño),
mi esposa, hijo menor y yo, tuvimos
la ocasión de visitar en Cancún un
E santuario mariano muy especial que
nos ha impresionado muchísimo. Se trata del
Santuario de María Desatadora de Nudos que
es un centro de peregrinación dedicado a la
Virgen que desata los problemas ("nudos") de
la vida. Es un lugar de devoción mariana ca- teamientos éticos y políticos. Esta avalancha
racterizado por los muchos miles de listones permanente de mensajes de todo tipo nos impi-
blancos de petición y de colores de agradeci- de mirarnos a nosotros mismos y descubrir las
miento. Los visitantes escriben sus problemas o profundas inquietudes y necesidades que ani-
intenciones en listones blancos (que se entre- dan en lo más profundo de nuestro interior. En
gan en dicho santuario) y, al recibir el favor o el plano espiritual, el silencio se vuelve santo
milagro, regresan a colgar un listón de color cuando nos ayuda a discernir la presencia de
como agradecimiento. Es un espacio de paz, to- Dios en nosotros. No es casual que Cristo bus-
talmente al aire libre y en plena naturaleza, cara con frecuencia lugares solitarios para
ideal para la oración y el silencio. Esta advoca- orar. Los evangelios muestran repetidamente a
ción mariana proviene de Alemania (Siglo XVII) Jesús retirándose al monte o al desierto para
y fue popularizada por el papa Francisco. Una encontrarse con el Padre. Cristo no huía del
de las muchas capillas repartidas por este san- mundo: se sumergía en el silencio para volver
tuario mariano lleva por nombre “La capilla del al mundo con mayor claridad y amor.
Santo Silencio”. Urge que las familias reservemos ratos de si-
Nos ha parecido muy oportuno el nombre lencio al final de la jornada, para lograr una me-
de esta preciosa capilla. El silencio es una jor comunicación entre sus miembros. Conviene
apremiante necesidad espiritual y psicológica apagar los móviles, la televisión, y los ordena-
para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, dores para unirnos en familia y compartir con
aunque no sean conscientes de ello. Hoy dema- nuestros seres queridos nuestros sentimientos y
siadas personas pretenden influir en nosotros necesidades más profundos. Muchos problemas
para que aceptemos, prácticamente sin ningu- en la convivencia familiar podrían superarse
na reflexión previa por nuestra parte, sus plan- con un buen rato de “santo silencio”. ❏
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