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PALABRA DEL PAPA
MAGISTERIO DE LEÓN XIV
Los documentos del la Iglesia no se limita única-
Concilio Vaticano II. La Palabras del Papa en mente a la liturgia; sin embar-
Constitución Sacrosantum Audiencia General go, todas sus actividades con-
del miércoles, 20 de
Concilium. vergen hacia esta «cumbre».
mayo de 2026, en En sentido inverso, la liturgia
el Aula Pablo VI del
a Constitución sobre la Vaticano (extracto). sostiene a los fieles sumer-
sagrada liturgia Sacro- giéndolos siempre y de nuevo
sanctum Concilium (SC), en la Pascua del Señor y, por lo
primer documento pro- La comunión se realiza tanto, a través de la proclama-
Lmulgado por el Concilio «por medio de los ritos y de las ción de la Palabra, la celebra-
Vaticano II, no quiso solo refor- oraciones» (SC, 48). La litur- ción de los sacramentos y la
mar los ritos, sino llevar a la gia expresa la fe de la Iglesia y, oración común, estos son for-
Iglesia a contemplar el misterio al mismo tiempo, modela su talecidos, animados y renova-
de Cristo. La liturgia toca el co- identidad. Por eso se la define dos en su compromiso de fe y
razón de este misterio: es el como «la cumbre a la cual en su misión. La participación
ámbito en el que la Iglesia reci- tiende la actividad de la Igle- litúrgica debe prolongarse en
be de Cristo su propia vida. En sia y al mismo tiempo la fuen- la vida cotidiana. Así, la litur-
ella «se ejerce la obra de nues- te de donde mana toda su gia edifica la Iglesia y la hace
tra Redención» (SC, 2). fuerza» (SC, 10). signo de unidad para toda la
El Misterio cristiano es el Es cierto que la acción de humanidad en Cristo. ❏
acontecimiento pascual: la pa-
sión, muerte, resurrección y
glorificación de Cristo, que en
la liturgia se hace sacramental-
mente presente. Cada vez que
participamos en la asamblea
reunida en su nombre, somos
introducidos en este Misterio.
Cristo es el principio inte-
rior de la Iglesia, nacida de su
costado abierto en la cruz. En la
liturgia sigue actuando por la
fuerza del Espíritu Santo: santi-
fica a la Iglesia y la asocia a su
ofrenda al Padre. Está presente
en la Palabra proclamada, en
los sacramentos, en los minis-
tros, en la comunidad reunida y,
de modo eminente, en la Euca-
ristía (cf. SC, 7). Así, la Iglesia
recibe el Cuerpo del Señor y se
convierte en lo que recibe: el
Cuerpo de Cristo.
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