Page 39 - Laverdad_4425
P. 39
FAMILIA
TRANSFORMAR
LA SOCIEDAD POR
cordado el Apóstol San Pedro (1 Pedro 3,8-9):
LA FUERZA DEL “Tened todos el mismo sentir, sed solidarios en
el sufrimiento, quereos como hermanos, tened
AMOR DE DIOS un corazón compasivo y sed humildes. No de-
volváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino
al contrario, responded con una bendición”.
― Los miembros de las familias transformados in-
teriormente por el amor divino experimentan
ROBERT KIMBALL
“la ternura de la fe, la alegría de la entrega al
servicio, el fervor de la misión persona a per-
sona, la cautivadora belleza de Cristo, la estre-
mecida gratitud por la amistad que Él ofrece y
amos a concluir esta colección de por el sentido último que da a la propia vida”
ocho artículos sobre el amor de Dios, (“Dilexit Nos” no. 88).
abordando la necesaria transforma- A los padres nos corresponde la gran tarea
ción de la sociedad. Ante la multitud de cultivar la experiencia del amor de Dios en
de crisis de todo tipo (político, eco- los hijos de forma que se sientan movidos a
nómico, laboral, etc.) que azotan al compartirlo con los de su entorno, sobre todo
V mundo, todos los colectivos sociales los más vulnerables: “Impulsados por el amor
más influyentes, independientemente de su ideo- del Corazón de Jesús, buscamos el crecimiento
logía y convicciones políticas, coinciden en la ur- de las personas en su dignidad humana y como
gente necesidad de un profundo cambio de las hijos e hijas de Dios, a partir del evangelio y de
políticas actuales, a fin de construir una sociedad sus exigencias de amor, de perdón, de justicia y
justa y en paz. Las propuestas presentadas para de solidaridad con los pobres y marginados”
hacer frente a los graves problemas que todos (“Dilexit Nos” no. 150). ❏
padecemos, en mayor o menor grado, son mu-
chas y muy variadas. Sin embargo, todas ellas re-
sultan insuficientes para solucionar satisfactoria-
mente los serios problemas que nos afectan. La
transformación de la sociedad solo será posible si
va precedida por la transformación de los cora-
zones de las personas, y para ello es necesario
hacer creíble la fuerza del amor de Dios en nues-
tras vidas. Estoy convencido que solo se alcanza-
rá una paz verdadera y duradera cuando las fa-
milias cristianas más comprometidas por poner
en práctica las obras y enseñanzas de Jesucristo,
difundan el amor divino por el mundo.
Urge dar testimonio ante la sociedad de los
frutos de la paz y reconciliación que aporta el
amor de Dios a nuestro hogar. Como nos ha re-
LA VERDAD • 39

