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que la visión correcta era la coper-
                                           nicana. De ahí que se enfrentara a
                                           los  jesuitas  Grassi  y  Scheiner,  de-
                                           fensores del sistema de Tycho Bra-
                                           he, y que, al mismo tiempo, se lle-
                                           vara bien con figuras como Kepler
                                           y Clavius. El primero era procoper-  Una de las
                                           nicano;  el  segundo,  sin  compartir  cualidades más
                                           todas sus tesis, reconocía la validez  significativas
                                           de algunos de sus argumentos.     de Galileo
                                             Los dos grandes reveses que ex-  Galilei era su
                                           perimentó  Galileo  —la  amonesta-  sociabilidad.
                                           ción de 1616 y el juicio y condena  Era tan sociable
                                           de 1633— contribuyeron a modelar  que se le
                                           su carácter, mucho más brusco du-  echaba en falta
                                           rante su juventud. El primer golpe  cuando no se
                                           no lo logró del todo, y el segundo lo  contaba con su
                                           abatió. En ambas ocasiones podría  presencia. De
                                           haber  apostatado,  pero  Galileo  ahí que
                                           mostró  una  fe  filial  y  firme  en  la  cosechara a lo
                                           Iglesia  como  institución  divina.  A  largo de su vida
                                           pesar  de  la  humillación  sufrida,  un gran número
                                           aceptó con mansedumbre el destino  de amistades.
                                           de  su  arresto  domiciliario  durante
                                           los últimos años de su vida. Su ad-
                                           hesión a la fe católica queda paten-
                                           te en una carta del 21 de febrero de
                                           1636, dirigida al astrónomo y botá-
                                           nico francés Fabri de Peiresc, una
                                           de sus numerosas amistades:
                                             “Dos  cosas  me  reconfortan  en
                                           todo momento. Una es que, leyendo
                                           todas mis obras, no hay quien pue-
         tra origen en su progenitor. Vincen-  da encontrar la más mínima sombra
         zo Galilei fue un compositor e ins-  de algo que se aparte de la piedad y
         trumentista  que  sufrió  en  una  so-  de la reverencia a la santa Iglesia.
         ciedad  que  defendía  la  música  de  La otra es el testimonio de mi pro-
         corte religioso, basada en el órga-  pia conciencia, que solo Dios en el
         no, mientras que él prefería el laúd  Cielo y yo en la Tierra conocemos a
         y  los  clásicos  griegos.  Así  inculcó  fondo. Él sabe, además, que en la
         en su hijo una inclinación a comba-  causa que sufro muchos han podido
         tir posturas sostenidas sin razona-  precederme  hablando  más  sabia-
         miento lógico. Galileo reprodujo es-  mente que yo, pero nadie, ni siquie-
         te comportamiento en el campo de  ra  los  santos  padres,  ha  hablado
         la ciencia, en especial en la astro-  con más piedad y mayor celo hacia
         nomía, donde estaba convencido de  la Iglesia que yo”. ❏


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