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MARCOS DE LA FE CELEBRADA









                 ¿ERES TÚ EL QUE


                       HA DE VENIR?



                                                ―
                                ALFREDO LÓPEZ VALLEJOS






                    a  inquietante  pregunta  que  Juan  el  ranza, no con especulaciones y meras palabras,
                    Bautista dirige a Jesús desde la cár-  sino con la evidencia de los hechos y signos de
                    cel, a través de sus discípulos, segu-  salvación:  “Id  y  anunciad  a  Juan  lo  que  estáis
                    ramente  nos  resulte  incómoda  tam-  viendo  y  oyendo:  Los  ciegos  ven,  los  leprosos
                    bién a nosotros: “¿Eres tú el que ha  quedan limpios, los sordos oyen, y a los pobres se
                    de  venir  o  tenemos  que  esperar  a  les anuncia la Buena Noticia. Y dichoso el que no
           L otro?” (Mt.11,3). No puede significar    se escandaliza de mí” (Mt.5,5.6). Porque eran los
           que el Bautista dude de la figura mesiánica del  fariseos quienes se escandalizaban ante los sig-
           que ha sido su precursor, su más decidido entu-  nos de Jesús: “¿Quién te ha dado autoridad para
           siasta: “Detrás de mí viene uno que es más gran-  hacer  estas  cosas?”  (Mt.21,23;  Mc.11,28;
           de que yo, a quien no merezco desatar la correa  Lc.20,2). Juan el Bautista había sido el precursor,
           de su sandalia” (Lc.3,16); hasta el punto de que  el primer testigo de la llegada del Reino, pero
           sus discípulos pasen a ser seguidores de Jesús  murió decapitado en la cárcel de Herodes antes
           (Jn.1,35-40). Es más bien la turbación y el des-  de  conocer  la  plenitud  del  Reino  mediante  el
           aliento al encontrarse en la prisión de Herodes  cumplimiento definitivo de la victoria pascual de
           (Mc.17,19). El propio Jesús había proclamado el  Cristo Jesús sobre el pecado y la muerte.
           elogio más significativo de él: “Os aseguro que no  Por eso podrá añadir Jesús, en su respuesta a
           ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor  Juan, una segunda afirmación tan curiosa como
           que Juan el Bautista” (Mt.11,11; Lc.7,28).  colmada de esperanza, referida no ya a él, sino a
              Juan está desalentado y desconcertado, como  todos nosotros seguidores de Jesús: “Nadie más
           tantas veces nos ocurre a nosotros en la misión  grande que Juan el Bautista, aunque el más pe-
           de  nuestro  testimonio  cristiano,  cuando  damos  queño en el reino de los cielos es más grande que
           excesivo crédito a los profetas de calamidades,  él” (Mt.11,11). A Juan le tocó ser solo el precursor,
           tan abundantes en todas las épocas de la historia;  el heraldo, pero sin llegar a experimentar la ple-
           mientras que la llegada del Reino se manifiesta  nitud del poder y de la victoria pascual sobre el
           con una presencia que actúa, sin ruido, en multi-  pecado y la muerte. Nosotros, en cambio, vivimos
           tud de signos, porque también lo pequeño es lu-  ya  en  la  “plenitud  de  los  tiempos” (Gal.4,4;
           gar de la epifanía de Dios.                Ef.1,10), con todos los signos iluminados en nues-
              Juan ha sido el precursor, el anticipo de la lle-  tra fe.
           gada del Salvador, testigo del cumplimiento de  Si los fariseos llegaron a escandalizarse de Je-
           las antiguas profecías, de la encarnación del Hijo  sús, lo importante es que Jesús, no llegue a es-
           de Dios, del Reino de Dios iniciado ya en nuestra  candalizarse de nosotros, fascinados por cantos
           historia. Por eso Jesús responde al mensaje que  de sirena de los profetas de calamidades que fra-
           le dirige desde la cárcel, reafirmando su espe-  gilicen nuestra esperanza (Mt.14,31). ❏


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