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EDUCACIÓN
EDUCACIÓN Y moral: tengo derecho a “satisfacer mis deseos”,
sean cuales sean.
El derecho a la felicidad individual (esa felici-
FELICIDAD: ¿NO dad posmoderna) prima por encima de cualquier
otro deber, compromiso o fidelidad. Surgen por
ejemplo los “amores mercuriales” que describe J.
NOS ESTAMOS A. Marina: amores que, como las bolitas de mer-
curio, se unen, se separan, se vuelven a unir, se
EQUIVOCANDO? fragmentan, se recomponen, se van haciendo una
y mil configuraciones diferentes.
Hasta hace poco el proyecto en común de “la
― pareja” consistía en mantener una relación mien-
tras resultase física y psicológicamente gratifi-
ANDRÉS JIMÉNEZ ABAD
cante. Pero “la pareja” también acaba resultando
una complicación. Mejor estar solo. Es el indivi-
dualismo nihilista. Y si necesito compañía me pue-
no de los soniquetes más frecuen- do comprar un gato.
tes entre muchos padres, a la ho- Y esa forma de vivir que no es capaz de apre-
ra de educar a sus hijos, y de to- ciar más que la satisfacción inmediata, esa bús-
mar decisiones acerca de ello, es queda compulsiva de la “felicidad”, viene produ-
esta: “solo queremos que sean fe- ciendo niños, adolescentes, jóvenes y adultos con
lices”. Eso, por un lado, está muy una bajísimo umbral de tolerancia a la frustra-
U bien; puede decirse que la felici- ción, que a su vez genera un alto nivel de impul-
dad es lo que todo ser humano busca en el fondo, sividad, origen de conductas antisociales y de
lo que de verdad importa. Lo que Spaemann lla- amargura personal. No es extraña la proliferación
maba una “vida lograda”. de problemas de salud mental.
Pero por otro lado depende de qué se entien- La “rebeldía sin causa” ha dado paso al abu-
da por felicidad. Y eso, en una sociedad tan secu- rrimiento sin más. Sí, aunque parezca lo contrario,
larizada y posmoderna, puede acabar en sucedá- estamos creando una sociedad de jóvenes aburri-
neos o en una “pasión inútil”, por emplear la ex- dos. El aburrimiento antiguo era la persistencia de
presión de Sartre. ¿Para qué estamos en la vida? la fatiga. El moderno es más bien la persistencia
Quizás solo “estamos” y ya está, y por eso solo ca- de la satisfacción. La salida parece ser una evasión
be alcanzar cierto “bien-estar”. compulsiva (alcohol, droga, el sexo, emocio-
La mentalidad posmoderna hoy dominan- nes límite... o algún metaverso virtual).
te ha generado la pérdida de los “grandes re- Una parte importante de nuestros jó-
latos”: del sentido de la historia, de la razón, venes no piensan que haya nada más, o no
del sentido global, en no pocos casos, de la se sienten con fuerzas y motivos de peso
misma vida. No queda sino refugiarse en el para buscarlo. Quizás nadie les ha enseñado.
fragmento, en el presente –“pasarlo bien”- Padres y educadores hemos de
, y disfrutar de la vida mientras dé de sí. plantearnos desde el principio si te-
Si la modernidad quedaba simbolizada nemos claro qué es lo que de verdad
en Prometeo, la posmodernidad rinde puede hacer feliz a una persona y lo
culto a Narciso. Se trata de una versión que no. Al final, nosotros al menos,
depauperada, una “felicidad de barati- hemos de preguntarnos: ¿no estare-
ja”: somos solo “seres deseantes”. El mos equivocando el camino de la
deseo se convierte en el único referente felicidad? ❏
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