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CIENCIA Y FE









              GALILEO GALILEI: EL


                    GRAN INVENTOR




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                  IGNACIO DEL VILLAR, PROFESOR DE TECNOLOGÍA
             ELECTRÓNICA EN LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA







                        alileo fue siempre muy creyen-
                        te. Por ello no resulta extraño
                        que, según la tradición recogi-
                        da por sus primeros biógrafos,
                        su primer invento lo concibiera
                        en medio de un oficio de víspe-
           G ras, con tan solo 19 años. Una
           lámpara se balanceaba en la catedral de Pisa
           con un movimiento rítmico, similar al de los
           latidos del corazón. En casa estudió, con pe-
           queñas bolas de plomo atadas a hilos de dife-
           rente longitud, que el tiempo requerido para
           completar una oscilación no dependía del pe-
           so ni, aproximadamente, de la magnitud de la  ensanchamiento o bulbo en la parte superior,
           oscilación. Solo influía la longitud de la cuer-  mientras que su extremo inferior se introdu-
           da, con lo que desarrolló un rudimentario ar-  cía en una cubeta llena de agua o de una mez-
           tilugio que podía medir el pulso de
           un paciente ajustando la extensión
           del hilo.                         Galileo fue siempre muy creyente. Por
              Otros  inventos  fueron  la  bilan-
           cetta,  un  instrumento  con  el  que  ello no resulta extraño que su primer
           calcular el porcentaje de cada ma-  invento lo concibiera en medio de un
           terial en una aleación; una máqui-  oficio de vísperas, con tan solo 19 años.
           na hidráulica para extraer agua del
           subsuelo; o el termoscopio, un apa-
           rato con un aspecto exterior similar al de la  cla de este líquido con alcohol, que ascendía o
           varilla rellena de mercurio que se ha venido  descendía en función de la temperatura. Otra
           utilizando para medir la temperatura hasta fi-  diferencia  con  el  termómetro  moderno  era
           nales del siglo XX, cuando los termómetros di-  que carecía de una escala. De este modo, solo
           gitales acapararon el mercado. La diferencia  podían  apreciarse  diferencias  de  temperatu-
           es que se orientaba de manera inversa, con el  ra; no valores exactos.


           36 • LA VERDAD
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