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MARCOS DE LA FE CELEBRADA









                     OS HE AMADO,


                     DICE EL SEÑOR



                                                ―
                                ALFREDO LÓPEZ VALLEJOS






                     l  profeta  Malaquías,  representa
                     uno de los libros más breves y des-
                     conocidos de todo el Antiguo Tes-
                     tamento.  Contiene  tan  solo  tres
                     breves capítulos, y a en total ape-
                     nas  cincuenta  y  cinco  versículos.
           E Su autor pudiera ser anónimo, por-
           que, en realidad, significa “mi mensajero”, de-
           ducido de (3,1). Y en cuanto a la fecha de su re-
           dacción,  puede  deducirse  por  su  contenido,
           que lo sitúa después del restablecimiento del  bres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco
           culto  en  el  templo  reconstruido  Malaquías  como  ese  publicano.  Yo  ayuno  dos  veces  por
           ejerció su ministerio en la segunda mitad del  semana...” (Lc.18,11-12). Desde tiempos anti-
           siglo V a.C.).                             guos ya nos venía esta pretensión de tratar a
              Justamente en el versículo segundo del pri-  Dios como un deudor insolvente.
           mer capítulo de este profeta encontramos una  Cuánta diferencia respecto a esas otras ple-
           afirmación  desconcertante  y  sorprendente,  garias que Jesús acoge y pondera en el evan-
           por una parte, aunque por otra también esti-  gelio, como la del leproso: “Señor, si quieres,
           mulante. Dice así: “Os he amado, dice el Señor.  puedes  limpiarme” (Mt.  8,1;  Mc.  1,40;
           Y vosotros respondéis: ¿En qué se ha notado?”  Lc.5,12). O la del ciego de Jericó: “¡Jesús, Hijo
           Como si se tratase de un desmentido, una des-  de  David,  ¡ten  compasión  de  mí!” (Mt.20,29;
           calificación en toda regle de la afirmación cer-  Mc. 10,47; Lc. 18,38). De la reclamación, que
           tificada por el mismo Dios.                encontrábamos en Malaquías, que refleja tan-
              Daría la impresión de estar escuchando el  tas veces nuestra insensible ingratitud del pro-
           reproche, la recriminación y el desengaño de  feta: “Os he amado, pues, no se nota”; a la sú-
           cualquiera  de  los  creyentes  secularizados  de  plica  confiada  del  salmo:  “Señor,  clemente  y
           nuestro  tiempo;  de  tantas  personas  piadosas  compasivo, lleno de amor y verdad, vuélvete a
           que se sitúan ante Dios con todos los derechos  mí, ¡ten compasión! Da fuerza tu siervo. Haz
           y méritos adquiridos, dispuestos a exigir cuan-  conmigo  un  signo  de  tu  bondad,  porque  tú,
           tas por cada uno de ellos. Esta expresión en  Dios mío, me ayudas y consuelas”. (86,15-17).
           una plegaria de hace casi treinta siglos y re-  En ella sí queda constancia “sí se nota, sí se
           cuerda demasiado a la oración del publicano  aprecia” el haber sido conscientes de la bon-
           en la parábola de Jesús: “¡Oh Dios!, Yo te doy  dad,  y  la  continua  presencia  del  amor  y  la
           gracias porque no soy como los demás hom-  misericordia de Dios. ❏


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