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FAMILIA
ETAPAS
FUNDAMENTALES sión. Habiendo renunciado a nuestros malos
hábitos y rencillas en el hogar, los miembros de
la familia debemos asumir nuestra nueva con-
EN LA FORMACIÓN dición cristiana a la que hemos sido llamados:
“… os habéis despojado del hombre viejo, con
DEL DISCIPULADO sus obras, y os habéis revestido de la nueva
condición que, mediante el conocimiento, se va
renovando a imagen de su Creador” (Col 3, 9-
FAMILIAR 10). Supone permitir que Jesucristo se convier-
ta en el dueño de nuestras vidas, mediante el
crecimiento personal en los valores y virtudes
― cristianas: “Estoy crucificado con Cristo: vivo,
ROBERT KIMBALL pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive
en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en
la fe del Hijo de Dios” (Ga 2, 19b-20).
La última etapa de nuestro camino hacia el
discipulado en la familia es nuestra transforma-
n nuestro artículo anterior sobre el ción con la fuerza del Espíritu Santo en personas
discipulado en el hogar, hablamos capaces de vivir la fe en toda su plenitud y com-
de dos aspectos fundamentales que promiso, y proclamar y testimoniar el evangelio
son la capacidad de asombro y la ante los demás mediante nuestro ejemplo, pala-
humildad. Además de estos dos ele- bras y servicio desinteresado. “Que consigáis un
mentos básicos, cabe hacer referen- conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con
E cia a tres etapas fundamentales en toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta
este proceso de formar a los miembros de la fa- manera, vuestra conducta será digna del Señor,
milia para que sean auténticos discípulos de Je- agradándole en todo; fructificando en toda obra
sucristo: liberación, conversión y transforma- buena, y creciendo y en el conocimiento de Dios”
ción. Como primera etapa, es preciso que toda (Col 1,9b-10). ❏
la familia se vea liberada de viejos resenti-
mientos y recelos que dificultan la confianza y
la reconciliación en el hogar. Conviene que la
familia abandone todo aquello que impida el se-
guimiento incondicional a Jesús y sus enseñan-
zas. Jesús nos insistió que podemos contar con
su gracia para superar las cargas pesadas que
nos alejan de Él: “Venid a mi todos los que es-
táis cansados y agobiados. Tomad mi yugo so-
bre vosotros y aprended de mí, que soy manso
y humilde de corazón, y encontréis descanso
para vuestras almas. Porque mii yugo es lleva-
dero y mi carga ligera” (Mateo 11, 28-30).
La segunda etapa en este proceso de con-
vertirnos en discípulos de Jesús es la conver-
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